En el centro de Madrid ente la calle Segovia y la plaza de la Paja nos encontramos con este pequeño jardín secreto.
Sus dimesiones son pequeñas que permiten de un solo vistazo comprender la estructura del jardín. Se encuentra en el lateral del palacio del Principe de Anglona que en 1530 fue residencia de Francisco vargas (consejero del los Reyes Católicos y Carlos I). Posteriormente fue habitado por el marques de Javalquinto y principe de Anglona.
En el año 1761 se le añadieron los jardines en el lateral. Su diseño corresponde a Nicolás Chalmandrier que se basó en los canones neoclásicos con esencias hispanoárabes.
El diseño se basa en cuatro cuadrantes con paseos que lo cruzan y en cuyo centro se encuentra una estupenda fuente de piedra, que se comenta que está formada por una columna salomónica. Además este jardín se ve enriquecido de numerosos recursos, como el pavimento de ladrillo colocado en espina de pez, el cenador, las pergolas y la propia vegetación.
Se dice que por este jardín pasaban pasadizos secretos desde el Palacion de Oriente, lo que hace más interesante la visita a este jardín.
A pesar de la belleza de este espacio, quedó en el olvido, pero Javier de Winthuysen, paisajista, lo reconstruyó. Hasta que en 2002 el Ayuntamiento de Madrid se hizo cargo de él y gracias a ello podemos conocerlo.
Es un lugar encantado, quizás porque no recibe muchas visitas y permite al ciudadano sentarse y observar, disfrutar de la Naturaleza en el entorno Urbano. Parece que desaparecen los males en este espacio minúsculo, pero suficiente para alejarse de los males de la ciudad.
Este quizás sea uno de mis lugares preferidos, el contacto con ese pavimento de ladrillo colocado en espina de pez, permite sentir aún más el jardín. Las vistas de Madrid que asoman por una esquinita hacen que nos demos cuenta que somos privilegiados por poseer espacios para alejarse del ruido, contaminación, estrés que produce lo urbano. Es una pequeña bocanada de aire fresco que hace que nos sintamos mejor.